CARACTERÍSTICAS
a) A partir de la segunda mitad del siglo XX se presentaron transformaciones
estructurales de diverso orden; el asentamiento de los procesos de
modernización económica, social y política, así como una creciente
urbanización, condujeron a una mayor demanda educativa y a la necesidad de
replantear la formación superior de acuerdo a los avances de la ciencia y la
tecnología. En 1968 se creó que con el objetivo de ejercer la vigilancia y
control sobre este nivel educativo. En este período, unas de las características
del sector fueron el crecimiento anárquico y el lento desplazamiento de las
instituciones oficiales hacia las privadas, así como nuevos procesos de
diversificación profesional y de estratificación social que se acentuaron mucho
más a partir de la década de 1970. Las décadas del 60 y 70 significaron el
fortalecimiento de las disciplinas relacionadas con las ciencias sociales y
humanas incluyendo la educación, lo que permitió la consolidación de grupos de
intelectuales que proporcionaron nuevos enfoques para el análisis de lo social,
hecho que estuvo acompañado de la expansión de la participación femenina en el
sector. En estas décadas el movimiento estudiantil presenta su mayor auge
luchando contra el modelo de universidad que se impone en el período con base
en las teorías del capital humano desde un enfoque tecnocrático y empresarial.
Para el año 2000, las políticas estatales redefinieron los niveles de educación superior delimitando en el pregrado la existencia de la formación técnica profesional, la formación tecnológica y la universitaria, y en el posgrado la formación según niveles de profundización denominados especialización, maestría y doctorado. Esta educación se impartía en un total de 291 establecimientos, 32.6 % públicos y 67.4 % privados. Por su parte, la expansión de la matrícula creció entre 1981 y 2000 en un 281.5 %, registrando en este último año un total de 491.793 estudiantes.
Las últimas décadas del siglo XX marcaron la crisis del sector debido a las transformaciones económicas y los cambios en la esfera laboral, los desarrollos científicos y los avances tecnológicos en el campo de la información y las comunicaciones. Al tiempo que se cuestionó la calidad de la educación impartida en las instituciones de educación superior, se detectó la escasa uniformidad en el tipo de establecimientos existentes, fruto del crecimiento anárquico de las décadas anteriores, aspectos que empezaron a ser reglamentados por el Ministerio de Educación Nacional. Estas modificaciones estuvieron favorecidas por el contexto de la Constitución de 1991 y presionadas por la apertura económica y la hegemonía de los modelos neoliberales. Como parte de este proceso se puso en marcha un sistema de acreditación académica de las instituciones ante las instancias gubernamentales y ante la opinión pública, para lo cual se creó la Comisión Nacional de Acreditación. Igualmente, se inició la regulación y control de los establecimientos, llegándose al cierre de los que no llenen los requisitos establecidos por las políticas públicas.
Si bien no se puede negar la bondad de buena parte de estas políticas, al mismo tiempo es preciso señalar que ellas se apoyan sobre un terreno frágil debido a la acentuación de las políticas neoliberales, lo cual ha influido de manera negativa en el recorte presupuestal de la universidad pública y en el cuestionamiento del proyecto social y político que la valoraba como un espacio que permitía el acceso a la educación a todos los sectores de la sociedad, al tiempo que defendía su autonomía frente a credos políticos, religiosos y a intereses particulares, concibiéndola en este sentido como la conciencia crítica de la sociedad.
Pasado un siglo, se perfilan claramente las dificultades de asumir un modelo único de universidad, ya que la profunda fragmentación y la autonomía de los establecimientos permite prever la persistencia de tendencias a la utilización del sistema y a la jerarquización de las instituciones apelando a la calidad de la educación por ellas impartida.
En este sentido es indispensable que el Estado tenga un papel más protagónico del que ha tenido hasta el momento, ya que las políticas diseñadas han ido en buena parte detrás de los acontecimientos, lo cual dificulta una adecuada orientación y regulación. Igualmente, la opinión pública debe ser consciente de que la universidad antes que una empresa es una institución social y, como tal, no puede regirse sólo por las leyes del mercado, sino que debe guiarse por criterios de pertinencia social, criterios dentro de los cuales el aspecto económico es sólo una de las dimensiones por considerar al abordar la reflexión en torno al problema de la formación superior en el país.
Los departamentos de Guatemala, con 32.5%, y Quetzaltenango, con 24.1%, registran los niveles más altos de cobertura para este nivel.
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